Historia del balonmano: relación de altibajos pero muy fiel

El balonmano en Ciudad Real ha vivido momentos gloriosos y también ha sufrido duros desengaños, pero siempre ha estado presente en su corazón, en los buenos y en los menos buenos

La relación que une a Ciudad Real con el balonmano es una historia que hay que contar por entregas, con capítulos de todos los géneros:comedia, tragedia, aventuras y hasta terror, pero también mucho amor. Es la biografía de una simbiosis de un pueblo con un deporte que data desde muchos años atrás y que, afortunadamente, no parece vislumbrar un horizonte final, perdurando en el tiempo pese a los avatares sufridos y a las piedras que ha ido encontrando en el camino. Una relación que se sembró, creció, se consolidó y tocó techo, para caer después en picado y recuperarse otra vez, muy poco a poco, hasta volver el estatus perdido entre los mejores clubes del país. Y ha sido el BM Caserío el que este fin de semana ha escrito el ‘último’ capítulo. ‘Ultimo’ entre comillas, porque habrá más.

Las semillas se plantaron en el colegio Marianistas en la segunda mitad del pasado siglo. Allí empezó todo, y es de justicia no olvidarlo. Porque de esa fuente de balonmano es de donde empezó a beber Ciudad Real para después ir empapando a toda la sociedad. La afición a este deporte trascendió a las paredes del colegio para contagiar a toda la ciudad, dando paso a la creación del primer club como tal, el ADC Caserío Vigón, en 1981. Ese equipo, mítico, luchó y enamoró a la afición hasta lograr el ascenso a División de Honor en el olímpico año de 1992.

Un año más tarde era rebautizado como BM Ciudad Real, y con ese nombre, inolvidable para todos, llegó a convertirse en el mejor equipo del mundo, dominando la primera década del siglo XXI con mano de hierro y sometiendo a todos en la pista, también al FC Barcelona en España y a los gigantes alemanes en Europa.Historia del balonmano: relación de altibajos pero muy fielHistoria del balonmano: relación de altibajos pero muy fiel

Mientras tanto, el trabajo de base en otros puntos de la ciudad, como el colegio San Francisco Javier, Virgen  del Prado o el club BM Pío XII seguía incansable.
Pero esa maravillosa época se cercenó de manera abrupta, dolorosa y polémica, hasta el traslado del club a Madrid en 2011 y su posterior desaparición dos años después. En mayo de ese año el equipo entrenado por Talant Dujshebaev disputaba su último partido de la temporada en el Quijote Arena, pero nadie se podía imaginar que era el último de su historia.

Afortunadamente, en ese mismo momento un grupo de aficionados se liaba la manta a la cabeza y se embarcaba en la aventura de crear un nuevo club, al que bautizarían como ADC BM Caserío, como un claro guiño al pasado. Y dos años después, tras la desaparición de aquel artificial y forzado BM Atlético de Madrid, un grupo de padres de canteranos del BM Ciudad Real daba otro paso al frente para fundar el actual BM Alarcos.

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El club alarquista tomaba la delantera a su vecino y llegó a la segunda categoría del balonmano nacional, y con tres intentonas para retornar a Asobal, pero sin fortuna. Por méritos deportivos y extradeportivos, el BM Caserío le arrebataba esa posición de referencia en la ciudad y llegaba a Plata también para consolidarse y para intentar devolver a Ciudad Real a la máxima categoría. Ya lo tuvo cerca el año pasado en Burgos, pero esta vez no se le escapaba en ‘su’ Quijote Arena. Final feliz a este nuevo capítulo de la relación entre esta ciudad y el balonmano. Ahora, a seguir escribiendo páginas, aprendiendo de todo lo vivido, de los aciertos y, sobre todo, de los errores. Toca disfrutar de la Liga Asobal.