
Récord de asistencia de público en la Liga Asobal con 5.567 espectadores
Los 5.567 espectadores que llenaron este domingo por la mañana el Quijote Arena, récord de asistencia en la Liga Asobal, querían que ganase David ante un gigante portentoso con jugadores que tiran misiles que ya los quisiera Zelenski.
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Los molinos de viento le parecerían casas bajas del barrio de La Hormiga a Don Quijote ante rascacielos como el sueco Carlsbogard o el serbocroata Cikusa, que encañonaban con la precisión de una taladradora la red local, por no hablar del esloveno Makuc, que metió goles de todas las clases y posiciones sin apenas despeinarse.

Ante esta armada blaugrana, de la que salía un armario empotrado y entraba otro, los jugadores del Caserío, alentados por todo el estadio al unísono, le echaron coraje y pundonor, tratando que el Barça no se marchara en el marcador.
Lo consiguieron sobre todo en el primer tramo del partido, en especial cuando con un tanto de Omar Sherif se acercaron los locales hasta el 7-8 y podrían haber empatado si los colegiados hubiesen pitado un clarísimo penalti en la siguiente jugada al pivote egipcio, uno de los pilares del muro de resistencia ciudarrealeño que tuvo que fajarse en ataque ante, como aspas de batanes, mil brazos catalanes.

Gull aportó golazos en esta revuelta manchega, Romanillos firmeza como segundo pivote, Torres seguridad en los lanzamientos de penalti y algún que otro travieso dribling para quedarse solo ante el portero e Inestrosa lucidez en el timón y un porrón de asistencias que le hacen liderar esta cualidad entre todos los jugadores de la Liga Asobal.
Pero la defensa del Barcelona no dejaba de ser una pared de hormigón armado con muy pocas rendijas por las que pasar con torreones como los franceses Dika Mem o Fàbregas, que también lanzaban zambombazos.

El portero argentino Santi Giovagnola tuvo que emplearse de lo lindo, protagonizando espectaculares paradas que subieron el ánimo de una afición aliada con la valentía del Caserío y entusiasmada con el nivel de un partido que llegó al descanso con una no del todo insalvable desventaja de cuatro goles (13-17).
De la emoción, en dos caladas se consumieron los pitillos en el entreacto, en el que se entregó a Manolo el Premio a la Camiseta Vintage por una elástica con el 10 del Caserío Vigón.

La segunda parte comenzó bien para los locales con Gull encontrando meta en un par de ocasiones y Giovagnola sacando tiros con la rodilla, muslo y puños para situarse en un 15-18, pero Ortega desde el extremo izquierdo hizo estragos y no cesaron de llegar Tomahawks de los centrales y laterales catalanes, ampliándose la diferencia poco a poco hasta los diez del resultado definitivo (27-37).
Pese a la derrota, ni un atisbo de merma en cuanto al apoyo de los ciudarrealeños a un Caserío que ilusiona y en la tienda oficial se agotan partido tras partido muchas de las tallas de la camiseta oficial del equipo, con una lista de espera de más de cien actualmente.

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